De The Atlantic, 23 de febrero de 2023
En la pequeña escuela primaria de Jouy-sous-les-Côtes, en el noreste de Francia, Gisèle Marc conocía el rumor que corría sobre ella: que sus padres no eran sus verdaderos padres, y que su verdadera madre debía de ser una puta. Era finales de los años cuarenta, justo después de la guerra, una época en la que historias susurradas como ésta pasaban de padres a hijos. A las mujeres de las que se decía que se habían acostado con soldados de ocupación – “
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